sábado, 27 de noviembre de 2010

VIAJE





                         Mañana de bruma desde la ventanilla de un colectivo (A. Cruz)

Un viaje siempre


representa una aventura.



La marcha ingrávida del colectivo

y el monótono sonido del motor

no han logrado adormecerme.

Corro la cortina

y descubro que del otro lado del cristal

ocurren cosas.



Veo la llovizna arrojarse

oblicua y sosegada

en busca de la tierra;

la bruma que nubla la distancia

y me acerca congoja

y escondida en ella

la sombra borrosa de los árboles

que soportan la callada incertidumbre

de las horas;

las bandadas de pájaros niebla

en dirección al sur,

que, paradójicamente, no es otra cosa

que su norte

porque por estos días

es el rumbo exacto de la vida;

algunas gaviotas indiscretas sobre campos arados

y la mañana gris de cielo encapotado,

puntual metáfora del hombre



Tan solo el viajero solitario

es capaz de sentir el latido de la vida

del otro lado de una ventanilla.

COSAS CURIOSAS





                                                   Mirando la luna desde la terraza (A. Cruz)


En las opresivas noches


del verano

suelen ocurrir cosas curiosas.



En la terraza, habíamos disentido

con ardor inusitado

acerca de algunos poetas

que según mi modesto punto

de vista solo escribieron

poesía cursi.



Casi rayando el alba

me pidió (es decir, me exigió

sin exigirme)

que regrese a la máquina

y le escriba un poema;

presentí el desastre

pero de manera ingenua,

farfullando lugares comunes,

le dije que eso era imposible

porque ella misma era toda poesía.



Con sonrisa triunfal

tiró su frase matadora:

“Entonces… ¿Qué te diferencia de

Gustavo Adolfo?”

y se fue a dormir

junto al retoño.



Lo peor fue

que ni siquiera me dijo

buenas noches.